Juan Varela Reyes (*)

“Sólo en un orden de cosas en el que ya no existan clases

Y antagonismos de clases, las evoluciones sociales

Dejarán de ser revoluciones políticas. Hasta que ese

Momento llegue, en vísperas de toda reorganización

General de la sociedad, la última palabra de la

Ciencia social será siempre: el combate o la muerte,

La lucha sangrienta o la nada.

Así está planteado inexorablemente el dilema”

                                

                                                          (K. Marx: “Miseria de la Filosofía”)

 

Presentación a manera de introducción.

Pasado ya un suficiente tiempo del triunfo de la derecha en las pasadas elecciones y habida cuenta del temporal de declaraciones e informes que dieron cuenta de recriminaciones, frustraciones, se hace necesario reflexionar sobre lo ocurrido, sobre las causas de la situación, cuya evidencia más visible es el gran número de chilenos que optó electoralmente por el candidato Piñera y trataremos de entregar algunos elementos que permitan explicar por qué una gran mayoría de compatriotas no aceptó las reformas ofrecidas por la nueva mayoría y entregó su apoyo al sector más neoliberal de la sociedad.

Nos asiste la convicción de que más allá de lo que se ve en la superficie, hay fenómenos de fondo que transitan, sin muchas explicaciones, y que el motivo de dilucidarlos apunta en la dirección de comprender la magnitud de la derrota de la pasada administración y como ello afecta a los que buscan ir más allá de lo meramente coyuntural.

Nos asiste también la sospecha (un recurso tan dejado de lado por estos días) de que el abandono de la tarea de politización y concientización de los sectores importantes y fundamentales de la sociedad ha tenido una incidencia a la hora de los balances que se han hecho. En ese sentido, no se trata de hacer un mero ejercicio de inventario de fenómenos políticos, sino básicamente de comprender que detrás de las luces de neón neoliberales se ocultan situaciones que son preciso visibilizarlas, como un requisito necesario para empezar a dibujar un proyecto político que nos encamine en la construcción de nuevas relaciones, de caminos alternativos, de nuevas búsquedas, para hacer el sendero largo de la construcción y no quedar a la vera del camino en la denuncia de un modelo ya maduro y que no permite reformas.  

Creemos, también, que hay ciertas categorías que siguen ocultas e invisibilizadas y es preciso relevarlas, ponerlas encima de nuestras reflexiones y análisis a fin de explicar en su globalidad el modelo neoliberal vigente, con toda su carga política, económica, pero sobre todo en sus dimensiones ideológicas y culturales, porque ahí radica precisamente una de las razones del triunfo de la derecha y la derrota de la izquierda reformista.

Esa no consideración de los aspectos ideológicos, o derechamente su abandono y renuncia por parte de esa izquierda, ha permitido que el sentido común de la dominación sea hoy parte del discurso de los dominados, lo que tiene como efecto, por ejemplo, una alteración o inversión de algunos conceptos, como ser el haber cambiado el concepto de sujeto histórico por el de ciudadano, con lo cual la perspectiva de la lucha política se jibarizó y redujo a considerar como centrales las luchas electorales y coyunturales, centradas en sí mismas y no como los eslabones de larga cadena de la lucha histórica por cambios estructurales y revolucionarios. Producto de ello mismo se han instalado falsos debates que han venido a provocar confusión, como aquella que dice relación con la liviana pregunta de ¿qué es ser de izquierda? O la instalación de categorías que pareciera da una respuesta acertada a las preocupaciones políticas, por ejemplo, la idea de progresismo o populismo. (Ideas que trataremos por separado)

Lo ideológico y la dominación ideológica.

Nuestra reflexión, en esta oportunidad quiere proponer una mirada a aquellos aspectos ideológicos que fueron abandonados durante este periodo y que tuvieron una repercusión en la situación producida en las pasadas elecciones. No estamos planteando que estas por sí solas sean la causa de la derrota de la izquierda reformista, hay otras que gravitaron y que probablemente tienen mayor relevancia si es que miramos la superficie de las cosas, pero por ahora nos haremos cargo de aquellas que consideramos importantes si es que tratamos de relevar lo que no se percibe a simple vista, cuestión propia de la tarea de las ciencias sociales.

Vamos a partir por una cuestión que a nuestro parecer permite ordenar un poco el cuadro de la reflexión y como nuestra reflexión no es neutral, al contrario, la hacemos desde un lugar determinado, desde el lado de los dominados de esta lucha de clases. Aunque se haya echado mucha tinta con respecto a la existencia de ese conflicto, la realidad evidencia con toda su fuerza y brutalidad que ella existe y es el motor que ordena el quehacer presente y el devenir futuro de los hombres y de la humanidad, lo que tiene que ver con una toma de posición con respecto a ese conflicto. 

Para empezar, entonces, vamos a plantear lo que entendemos por izquierda o que es ser de izquierda. Para nosotros significa la adhesión a un conjunto de teorías y a prácticas correspondientes que apuntan en la dirección de transformaciones radicales, que nos han sido legadas y transmitidas a lo largo de la historia y que resisten a la expansión del capitalismo y al tipo de relaciones políticas, económicas, culturales y sociales inseparables de su desarrollo, que surgen desde la convicción de que existe un futuro para todos más allá del capitalismo; que es posible construir una sociedad alternativa, justa, solidaria, orientada a la satisfacción de las necesidades reales de los hombres y de los pueblos; por tanto más libre porque se centra en la realización de las condiciones de un efectivo ejercicio de la libertad.

A partir de aquello, entonces, la pregunta es si la derrota de la izquierda reformista tiene algo que ver con esas esperanzas, con esos principios y con esas promesas históricas de las cuales nos hemos hecho cargo. La respuesta es claramente negativa, como decíamos anteriormente, este modelo neoliberal no admite ni permite reformas que alteren el proceso de acumulación capitalista, todo lo que vaya en esa dirección no deja de ser un bonito ejercicio que no tiene implicancias efectivas en la realidad.

El camino que debemos hacer, legado por la historia, es el de los cambios estructurales y radicales. Y la idea de la revolución socialista tampoco tiene una verificación práctica en la realidad. Sin embargo, hay que precisar y plantearnos cuál es la idea de revolución que tenemos que construir. Si planteamos que la revolución es un momento mágico, espontáneo, ello de por sí no deja de ser una manifestación de la voluntad individual de cada uno, o de voluntarismo a secas, al contrario, lo planteamos como un proceso ininterrumpido de marchas y contramarchas, de triunfos esporádicos, de derrotas permanentes. Entonces, en la coyuntura electoral no era ese el dilema que se debía plantear, ni en su formulación teórica, ni en su quehacer práctico.

Una segunda cuestión que planteamos tiene que ver con el alejamiento del quehacer teórico por parte de esa izquierda reformista, lo que se puede explicar, ya que cuando se está cerca del poder se abandona y se renuncia a la posibilidad de pensar desde un lugar distinto del impuesto, espacio que ordena que bajo el neoliberalismo no hay oportunidades para pensar desde fuera, sino tan sólo desde dentro de él.

Para ello se consideró a la economía como una ciencia centrada en sí misma, lo que llevó a que la sociedad se pensara no como un conjunto de relaciones económicas, políticas, sociales, culturales, sino como el conjunto de parcelas separadas; en suma, una totalidad societal constituida por un conjunto de fragmentos desgajados y administrados cada uno por su lado.

La renuncia a la reflexión teórica dio como uno de sus resultados una expansión de la violencia simbólica, violencia que se subsume bajo los discursos triunfalistas y ambiguos de la competencia, de las oportunidades, del éxito fácil; violencia sutil e inadvertida que se tradujo en la colonización de las mentes, sobre todo de aquellos que en algún momento estuvieron en contra del sistema capitalista y que planteaban construir un proyecto de sociedad.

Esa colonización mental es la causante del disciplinamiento social, que acalla la protesta y la denuncia de los problemas fundamentales inherentes al conflicto social sin resolver, dejando el malestar sólo en la superficie, en donde se hace fácil su control, su desdibujamiento y su maquillaje, dando paso al individualismo extremo de la lucha de todos contra todos y no de la lucha de todos en contra del real enemigo de los pueblos, el imperialismo.

Esa fragmentación del pensamiento y del conocimiento relativiza la visión de conjunto del capitalismo, como totalidad, y como el gran obstáculo para el desarrollo de los pueblos y deja situado como problema central un modelo específico, en este caso el neoliberalismo.

La tarea que tenemos por delante es titánica, pero esperanzadora, esperamos que cada cual, habida cuenta de sus frustraciones coyunturales, se ubique en el lugar que le corresponde en la lucha de clases.

Se trata, convencidos estamos de ello, de pensar y luchar, como es que empezamos a desmontar la pesada carga de la dominación ideológica y cultural que impone el sistema capitalista y que tan bien la izquierda reformista ayudó a afianzar.

Para ello debemos seguir construyendo un pensamiento alternativo de nuestras alternativas.

Santiago, marzo de 2018

(*) Sociólogo, Magíster en Ciencias Sociales. Equipo de Investigación EN CAMINO