Traducción del francés Susana Merino

Hace más de cuarenta años que el profesor Ricardo Petrella (69 años) rema contra la corriente de la globalización defendiendo un mundo mejor, diferente, equitativo. Un mundo sin pobreza, con equipamientos sociales de calidad para todos, más solidaridad, más calidad de vida y menos carrera desenfrenada hacia el beneficio personal. “Por desgracia, hace cuarenta años que el mundo evoluciona en sentido contrario”.

El italo-belga Ricardo Petrella, que vive desde hace mucho tiempo en Bruselas, es consciente de que el mundo se halla evolucionando siempre en sentido contrario, aunque eso no le impide seguir soñando y empujar a sus semejantes a reflexionar y a actuar. En tanto profesor ha sembrado el germen de sus ideas en el espíritu de miles de estudiantes. Petrella también ha participado en política, especialmente como consejero del presidente de la Comisión Europea Jacques Delors. Es un invitado muy apreciado en las reuniones altermundistas. Seis universidades le han otorgado el título de doctor honoris causa. Es profesor emérito de la UCL y actualmente profesor en la Universidad suizo italiana de Mendrisio.

Cuando llamamos a su puerta, el señor Petrella, padre de tres hijos y cuatro veces, abuelo nos recibe con un enorme pastel. No menos generoso se muestra cuando nos habla de sus análisis y de las soluciones que imagina para los problemas del mundo actual.

Usted defiende un mundo sin pobreza, con buenos equipamientos sociales y una existencia digna para cada persona. ¿Qué los países que están más cerca de esa idea ?

No existe ningún país en el mundo que responda totalmente a ese ideal, pero anteriormente un país como Dinamarca no estaba tan lejos y actualmente algunos países de América Latina están evolucionando en el buen sentido, como Venezuela, Ecuador, Bolivia y en cierto modo Costa Rica. Son países que están luchando activamente contra la pobreza y se esfuerzan por sacar los bienes comunes de la lógica del mercado. Bolivia ha logrado nacionalizar sus recursos naturales y sus empresas energéticas. A instancias de Bolivia las Naciones Unidas han incorporado entre los derechos humanos el derecho a acceder a un agua limpia. El presidente Hugo Chávez osó nacionalizar las empresas energéticas y las telecomunicaciones en Venezuela.

¿No está perdida de antemano la lucha contra la pobreza?

La pobreza impide acceder a unos bienes y servicios que permiten llevar una vida digna. Y, sin embargo, hay personas que consideran que la pobreza es algo natural. La idea es que siempre hubo pobres y los habrá siempre. Algo inaceptable en tanto consideremos que todos formamos parte de la misma comunidad humana.

Usted defiende que la pobreza, como la esclavitud, sea prohibida por ley.

Hace seis años lancé esta propuesta en un intento de luchar contra la aceptación de la pobreza. El ser humano necesitó 3.000 años para abolir la esclavitud. La esclavitud se fundaba en la idea de que uno puede ser propietario de otra persona y disponer libremente de su vida. Algo que actualmente ya no aceptamos. Ahora debemos abandonar la idea de que la pobreza es algo natural, porque impide toda evolución.

Belgas temerosos

También entre nosotros, en Bélgica, existe un millón y medio de personas que viven en la pobreza

Para remediarlo debemos cambiar tres cosas: como colectividad debemos invertir en viviendas sociales, escuelas, hospitales, la naturaleza. Creamos pobreza en la medida en que invertimos una parte insuficiente de nuestra riqueza en equipamientos colectivos. En segundo lugar, nos enfocamos hacia la exportación de mercancías y productos petroleros, en lugar de producir cosas para el consumo local. De este modo contribuimos a la cada vez mayor pobreza de los obreros que no son suficientemente competitivos para rivalizar con el resto del mundo. En tercer lugar, debemos luchar contra la “financiarización” de nuestra economía, con una situación en la que los mercados financieros dominan todo y en que la economía se aleja cada vez más de la realidad. En Francia, los EEUU y Canadá se produce exactamente el mismo fenómeno cuyo efecto no es empobrecer más a los pobres sino empobrecer a las clases medias.

Algunos estudios revelan que un 35 % de los belgas teme perder el empleo. Se dice que están desapareciendo los empleos manuales y que solo sobrevivirán los vinculados a los servicios y al conocimiento.

No es posible detener el progreso, pero no debemos permitir la destrucción del trabajo humano. No espero que los obreros vuelva a trabajar masivamente con las manos ni que una muchedumbre de campesinos vuelva al trabajo. Pero mientras un trabajo remunerado siga siendo la clave de acceso a la vida en sociedad, esta sociedad está obligada a prever un trabajo remunerado para todos. También se puede decir y probablemente a justo título que cada vez habrá menos trabajo repetitivo: se encargarán las máquinas y los robots. En ese caso, seguiremos teniendo que ofrecer un ingreso a la gente. De ahí el derecho a un ingreso mínimo de carácter universal. No se puede esperar que las personas que no encuentran trabajo pasen a formar parte del ejército de los pobres.

¿Usted no cree en la “supervivencia del más apto”(survival of the fittest)?

Pero ¡eso no es una lógica social! Es una lógica de egoístas ciegos, la lógica de los más fuertes, de los más aptos (fittest) . Por otra parte, la intervención social no debe ser únicamente una cuestión de dinero, sino también de acceso a los servicios, a la vivienda, etc. Y todo eso fuera de la actual lógica de la economía mundial en donde el valor de todos los bienes se halla determinado por el precio especulativo del petróleo.

Una existencia digna para todos

¿Cuántas personas viven en la pobreza en el mundo?

1.600 millones de personas viven en unas viviendas en las que usted no quisiera que viviera ni su gato. Es evidente que se acepta que ciertas personas no tengan derecho a una existencia digna. 1.500 millones de personas no tienen acceso al agua potable. ¿Cómo es posible que en otro continente se pueda operar a las personas con robots médicos mientras que ni siquiera se puede proporcionar a cada uno un grifo de agua?

¿Qué opina de la explosión demográfica en los países en desarrollo? Algunas personas hablan de una bomba de relojería.

No es una bomba demográfica o económica sino, sobre todo, una bomba de desigualdad, injusticia y exclusión . Actualmente se logra producir suficiente comida para alimentar a 10.000 millones de personas y, sin embargo, hay entre 2.000 y 3.000 millones que está infralimentadas. Una familia estadounidense media tira a la basura entre el 35 % y el 40 % de los alimentos que compra, es una aberración.

¿Cómo es posible, concretamente, desterrar la pobreza?

No compartiendo los alimentos, sino creando las condiciones para que cada uno pueda vivir dignamente. Eso no es posible mientras no dejemos de considerar la obtención de riquezas personales la prueba de haber logrado una vida exitosa. La riqueza ha estado siempre asociada al poder. Los ricos han sido siempre los poderosos y viceversa. El rico todo lo puede porque todo se compra. Pero desde el momento en que ya no se compre todo ya no tendrá sentido correr tras de la riqueza cueste lo que cueste.

¿Supongo que usted no querrá que la riqueza sea prohibida por ley?

No, yo creo que se trata de cambiar ciertas concepciones. La gente hoy ve la riqueza en términos de propiedad individual. Cuando se piensa en un techo sobre la cabeza, se piensa en la propia vivienda. Cuando se piensa en la importancia de la movilidad, se parte del principio de que se necesita tener un vehículo propio, pero no piensa automáticamente en unos transportes públicos de calidad. Cuando hoy se piensa en una buena jubilación, se piensa en que uno mismo tiene que hacer lo necesario para ocuparse de sí mismo y no en que el Estado se ocupará de ello.

¿Qué se debe hacer para que todo eso cambie?

En primer lugar, hay que abolir los paraísos fiscales. Y debe prohibirse el sistema de prebendas en las empresas. Cuando se piensa que un obrero especializado de la Fiat debe trabajar 113 años para ganar el equivalente a un año de salario del presidente de la empresa, algo no anda bien. En una sociedad que haya alcanzado la edad de la razón se reconocerá el valor de la riqueza colectiva. Cuando digo “riqueza” ¿qué imagina usted? ¿un hospital?, ¿un jardín de infantes?, ¿aire saludable?, ¿agua potable?

Para serle franco, pensé en un castillo y en un jet privado. ¿Entonces, habría que encarar las cosas de otra manera?.

Exactamente. En nuestra cultura, cuando se habla de riqueza, se piensa en primer término en la propiedad individual. Tenemos que volver a valorar los bienes comunes, porque son los que otorgan calidad de vida a todos y cada una de las personas. Analicemos las escuelas. Hoy en día los docentes están mal pagados: en efecto, según cierta lógica ellos no aportan nada, son parásitos que viven a costa del contribuyente. Un docente con muchos años de experiencia gana quizá 2500 euros: un corredor de bolsa de 27 años puede ganar 20.000 euros por mes, porque genera riqueza para el capital. Todo esto es consecuencia de una creencia ciega en el crecimiento económico, uno de los conceptos más aberrantes de estos últimos decenios. El principio del crecimiento financiero por medio dela comercialización de bienes y servicios no crea verdadera riqueza.

El banco del futuro

¿Qué propone usted frente al sacrosanto principio del crecimiento económico?

Un modelo de evolución y de desarrollo. Intensificar el desarrollo de los hospitales y de los cuidados médicos, de las escuelas, del conocimiento y de la ciencia, de la lucha por la paz en vez de hacer la guerra, de la inversión en infraestructuras colectivas como parques, jardines, bosques, alimentación, agua potable, telecomunicaciones, informática, energías renovables…

¿Cómo piensa lograrlo?

Se podría lograr recurriendo a lo que yo llamaría el “desarme financiero”. Hemos privatizado todo, incluidos los bancos y las compañías de seguros. Ya no tenemos instituciones financieras públicas. Analice Bélgica: ya no existen ni el Crédito Comunal ni el CGER, se los han tragado Dexia (1) y Fortis (2), que ha sido comprada a su vez. En Italia y en Francia se observa el mismo fenómeno. Ya solo existen instituciones bancarias cuyo objetivo es el crecimiento económico en vez del aumento de la prosperidad colectiva.

¿Qué podemos cambiar?

Todo comienza por usted y por mí, y por nuevas leyes. No son ni los tecnócratas ni los economistas los que cambiarán el mundo, sino los ciudadanos. Debemos afirmar claramente que no hay nada más importante que nuestra riqueza común y nuestra creatividad individual. Debemos lograr que se cumplan las condiciones para dar a cada uno el derecho a una vida digna. Mientras esto no suceda viviremos en una mala economía y una pésima sociedad. Debemos, por lo tanto, conseguir que se sancionen leyes que determinen que las finanzas son una competencia pública. De otro modo corremos el riesgo de ver un día nuestras ciudades hipotecadas por los bancos, lo mismo que nuestras casas.

¿Actualmente se practica ya en alguna parte este sistema bancario social?

Sí y no. Existen aquí y allá algunos principios de solución, como el microcrédito, el financiamiento verde, el ahorro y las inversiones éticas. El Banco del Pobre… Varias alternativas que ya existen al margen del actual sistema y que no pretenden aportar una solución integral a los problemas. Todo eso es muy loable, pero yo defiendo una gran transformación. Esas pequeñas iniciativas son ya la prueba de que es posible concebir otra forma de financiamiento, de funcionar, por ejemplo, con monedas locales alternativas. De ese modo se podrían pagar precios justos por los productos locales en vez de precios mundiales basados en la especulación.

¿Qué opina usted de que se haya salvado los bancos durante la crisis bancaria?

Lo que sobre todo me impactó fue la rapidez con la que se pudieron encontrar los millones de dólares para solucionar el problema. Sobre todo si se lo compara con la cantidad que se necesita para dar a cada persona una existencia digna, con acceso a 50 litros de agua potable por día, 2500 calorías de alimentos, una vivienda de 35 m2, acceso a la salud básica, es decir, 180.000 millones de dólares para poner fin a la pobreza y a la exclusión. Por 30.000 millones de dólares se pueden instalar baños públicos para todo el mundo, mientras que ahora 2.700 millones de personas no disponen de un WC. Pero para todo esto tampoco se está dispuesto a encontrar el dinero necesario. Por eso los altermundistas dicen: “Si la pobreza fuera un banco, ya no habría pobreza”.

El derecho a soñar

¿Se describe usted ante todo como un altermundista? ¿O como un utopista, un soñador? ¿O tal vez como un comunista o un anarquista?

Yo creo que soñador, altermundista y utopista van perfectamente de acuerdo. Tenemos derecho a soñar. Una sociedad sin soñadores es una sociedad muerta. Nuestros sueños son los que nos ayudan a realizar grandes cosas: la utopía de llegar a la luna se pudo realizar porque se pusieron en marcha todos los recursos necesarios. Si usted quiere realmente algo y si usted llega a convencer en tal sentido a la cantidad necesaria de personas, todo es posible. Estoy convencido de que el derecho a una existencia digna es un sueño realizable. Por otra parte, prefiero ser un soñador un poco ingenuo que un cínico pragmático. Cada uno puede hacer su elección, pero yo no quiero ser un cínico. Pienso que el cinismo nunca ayudó a la sociedad a avanzar.

¿Cuál ha sido, según usted, el principal logro de su carrera?

Mi mayor satisfacción ha sido siempre que mis estudiantes me dijeran: “Usted me ha hecho comprender cosas sobre las que nada sabía. Usted ha cambiado mi visión del mundo”

Y ¿cuál ha sido su mayor fracaso?

No porque uno esté convencido de algo y luche por esa convicción todo evoluciona como uno quisiera. Hace cuarenta años años que defiendo el derecho a la vida y el bien común y hace cuarenta años que el mundo evoluciona en sentido contrario (risas). Eso demuestra que mis posibilidades de éxito son más bien limitadas. Sin embargo, sigue habiendo en el mundo gente que no cesa de oponerse a la injusticia. Siempre terminé mis cursos así: “¡Muestren su indignación!¡Rebélense!” . No por convocar a romper autos o a dañar los edificios, sino para protestar contra la situación del mundo.

¿Llegará su sueño a ser alguna vez realidad?

En diez o quince años tal vez cambie algo. Estoy convencido de que se está desarrollando una moral mundial y de que se manifestará con mucha mayor fuerza en el futuro. Hoy en día ya existe una toma de conciencia moral mucho mayor que hace cincuenta años. Puede que los sueños acaben por convertirse en realidad.

Quién es Ricardo Petrella

Nació en Italia en 1941

Es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, Florencia

Colaborador científico y luego Director del Centro Europeo de Investigaciones en Ciencias Sociales de la UNESCO (1967/1975)

Director del programa FAST ( Forecasting and Assesment in Science and Technology) de la Comisión Europea (1978/1994)

Profesor de la Universidad Católica de Lovaina, Louvain-la-Neuve (1982/2006)

Fundador y presidente del Grupo de Lisboa que publicó en 1994 el informe “Límites a la Competitividad”

Fundador del Comité Internacional por un ContratoMundial del Agua, 1997

Ha publicado libros como Le Bien Commun – Éloge de la Solidarité (1996, en castellano El bien común: elogio de la solidaridad, Debate, 1997, traducción de María Puig de la Bellacasa), Le Manifeste de l'Eau (1998, en castellano El manifiesto del agua, Barcelona Icaria, 2002, traducción de Ana Mª Cadarso ), Désir d'humanité. Le droit de rêver (2004) yPour une nouvelle narration du monde (2007, en castellano Una narración de la historia: compartir bienes, vivir en común, Barcelona, Intermon Oxfam, 2009, traducción de Jacobo García)

Notas:

  1. Dexia es una institución financiera franco-belga, también conocida como Grupo Dexia, que proporciona banca minorista y servicios de banca comercial a pequeñas y medianas empresas, gestión de activos, mercados financieros y seguros.

  2. Fortis es un grupo asegurador belga. Bajo el impulso de Maurice Lippens nace el grupo Fortis en 1990 mediante la fusión de AMEV, una aseguradora holandesa, VSB Groep, un grupo bancario holandés, y Groupe AG, una aseguradora belga.

 

Fuente: https://www.jobat.be/fr/articles/riccardo-petrella-si-la-pauvrete-etait-une-banque/

Fuente: Rebelión